lunes 28 de julio de 2008

Ciudad de los enfermos



Habitación catorce, cama dos.

Desde las dos alas de la planta trece
se domina la ciudad entera, bajo la bruma
otoñal que hoy la hace parecer un espejismo.

Los enfermos adivinan la ciudad entre la niebla,
se imaginan, inevitablemente, volviendo a sus casas;
una chaqueta encima del pijama y dinero para un taxi.

Están hartos de la vida carcelaria, de ser uniformados,
innombrados, numerados, tratados como coches viejos:
a los presos, por lo menos, les permiten estar solos.

Las enfermeras no tienen la culpa, pero te llaman
catorce-dos. Dicen: Analgésico para la catorce-dos.
Llamad al celador para que cambien a la catorce-dos.

Hoy se va la cinco-uno. Todos se van antes que tú.
Hombres y mujeres vestidos de azul claro, familiares
elegantes con caras de sueño y dolor, hoy tan radiantes.

Y tú, catorce-dos, desde el lugar donde se domina todo,
desde el centro neurálgico de la ciudad de los enfermos,
observando a los coches encender sus luces de niebla.




* * *

19 comentarios:

Hugo Izarra dijo...

La justificación lo desluce, pero no pienso tocarlo.

Markesa Merteuil dijo...

Tal vez ese alejamiento no es sino una bufanda contra las tempestades de tanto dolor concentrado en espacios, a fin de cuentas, tan mínimos. Pero, lamentablemente, ningún ser vivo entiende que no se empatice con él. Cualquier gesto, cualquiere calor, te puede dar la vida en uno momento de fragilidad extrema.

Augusta II dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
berti dijo...

Lo mejor es lo de A los presos, por lo menos, les permiten estar solos.

Me recuerda a Los olvidados de Sidonie...

Carmen dijo...

El mundo tiende a idealizarse detras de los cristales de este tipo de edificios, sobre todo si hay niebla.

morgaana dijo...

No se porqué, pero me ha recordado a Paul Auster. Me ha gustado mucho

Anam dijo...

Es muy duro y tiene mucha fuerza este poema; casi tanta como su protagonista.

Zacarias Zuax dijo...

Crudo. Muy crudo. Casi diría que se mueve. Es como si a leer el relato vieses alguna escena de canibalismo, en la que extrañamente tengo (el lector tiene) que ver.

Todo un flash. Aplausos

* dijo...

Hola Hugo!

Voy a ser repetitiva.....pero me alegra que las casualidades existan....
En fin...yyyyy me alegra el corazón ver y conocer personas con esta hermosa sensibilidad.....como la tuya.
Me encanta!....tu poesía.
Buenooo.....y cambiando de tema.......
si te pasas por mi blog....veras una recomendación que segurísimo te gustara......(tiene que ver con Tino).
Bueno amigo un fuerte abrazo.....(y te seguiré leyendo)

Marta

Verbo... dijo...

Somos un número -en la nómina- del Estado desde que nacemos. Y también somos un ente de producción para -Las instituciones- desde que nacemos.

Asi las cosas, ningún pais puede decir que ha evolucionado, mientras vean a sus -entes- como números e ingresos, y no como almas con sentimientos.

Saludos, ♥

Verbo...

Sal Duluoz dijo...

Por un momento leí "Cuidad de los enfermos". Espero que los poemas de los últimos días no supongan una vuelta a las malas costumbres

Mummy dijo...

No me importa ser un numero para la gente a la que yo no importo.
Prefiero que, en los hospitales, les importe su trabajo y lo hagan bien. Si me paro a pensar en como tratan, muchas veces, seria para ponerse a llorar, otras, sin embargo, te sientes una persona aunque sea con un numero por nombre.
Mi ultima experiencia ha sido bastante nefasta.
Un abrazo, Hugo.

Yeli dijo...

Profundo escrito...si lo tomáramos para filosofar tendríamos una fabulosa tertulia. Está la esperanza del enfermo en regresar a la casa, el asunto tan patético de ser numerado y el alcance que ha tenido en la sociedad. También mencionas el aspecto de enfermos vs presos en el trato y sus derechos. No pasas por alto el papel del proveedor de servicios inmediatos...y por supuesto el abandonado en la ciudad de los enfermos.
Magistral!

Con el respeto de tus lectores, yo abogaría por la eutanasia.
Un abrazo
Yeli

alas de vida dijo...

ojalá que en la ciudad de los enfermos al menos una vez al día, les regalaran alas para volar, para olvidar un número que nunca se elige, pero que te adjudican como si fuera un nombre...ojalá también ahí, aprendieran a mirarse a los ojos, al corazón, seguro muchos más saldrían antes de esa ciudad...

gorocca dijo...

Bueno Hugo,no sé qué decir,si tengo que compararlo con el que leí hace tres días:El pabellón número 6 de Chéjov,saldrías mal parado,por otra parte,por qué comparar si cada persona y cada escritor es único e irrepetible?espléndido mini relato.Un saludo.Gcc

calamarin dijo...

Me pone muy triste la palabra hospital...

betty blood dijo...

hay enfermos y enfermos (dle la interpretación que quieras) y cada uno de ellos ve los días de forma diferente.

Hugo Izarra dijo...

Marquesa: Me gusta esa imagen de la bufanda. Creo que deberías escribir algo a partir de esa reflexión, si es que aún no lo has hecho.

Augusta: Dime, ¿qué sería de las artes sin insomnes? Es fantástico tenerte por aquí revoloteando, Aídartista.

Berti: Recuerdo a Sidonie, pero no esa canción. Me quedé en la parte en que cantaban en inglés.

Carmen: Es como la mampara de la ducha, vista desde fuera, en invierno.

Morgaana: Como se entere Auster nos mata a los dos. A mí por plagiarle y a ti por insultarle. Pero guardaré el secreto.

Anam: Entonces está más desbravado que una gaseosa al tercer día. La intención se agradece igual, sensiblera.

Zacarías: Un placer tenerle por aquí, sr. Zuax. A mí también me gusta la carne cruda.

Marta: Tenías razón, iba a gustarme y me gustó. En la línea de los mejores Corchos.

Verbo: Eso es pedir demasiado.

Sal: No, Sal. Todo sigue bien, por fortuna. A veces uno evoca lo que ya queda lejano, precisamente porque puede verlo desde otra perspectiva. Eso intenté.

Mummy: Cuanto más lejos de esos ambientes, mejor.

Yeli: Con el suyo y el tuyo, yo también.

Alas: Algunos suben al cielo, pero es vuelo directo sin escalas, ni alas. Por la puerta de atrás y enfundados en bolsas.

Gorocca: Eso digo yo, no entiendo qué le he hecho yo a Chéjov para ser comparado con él.

Calamarín: Eso es porque hay palabras que se inventaron para poner tristes a las personas.

Betty: Claro. Los hospitales están llenos de plantas.

Jon Jonenjur dijo...

Me has recordado en algunas de las figuras a la retorica que empleo Thomas Bernhard para escribir su novela autobiografica en torno a la enfermedad y la reclusion hospitalaria, Frio. Me ha gustado mucho, enhorabuena. Un saludo, Jon...