martes 22 de julio de 2008

La fábrica de corchos


A Rosa Bruch.
Gracias por todo.
Había tomado el camino equivocado,
me desvié y conduje algunos metros
por un sendero de grava, hasta llegar
a algo parecido a un desguace y me
detuve allí. Buscaba una gasolinera.

Había un letrero colgando de la fachada.
Decía que aquello era una fábrica de corchos,
pero no había nadie allí. Sólo sol y grava,
ni una sola señal de vida aparente.

Me equivocaba otra vez. Cuando intentaba
maniobrar, vi a dos perros encadenados salir
de una caseta, pero no vi comederos ni bebederos
allí y el sol abrasaba cada cosa que tocaba.

Me acerqué al perro pequeño y lo desaté.
Fui hasta el más grande y solté también
su cadena. Les dije: «Venga, corred. Id
donde queráis. Poneos a la sombra».
Pero ninguno de los dos se inmutó.

El mayor miró primero al pequeño
y después me miró a mí a los ojos,
como intentando decirme: Mira a
tu alrededor, grandísimo estúpido.
¿Adónde crees que nos vamos a ir?

Tenía razón. Así que volví a atarlos a
los dos y regresaron al interior de su
caseta y me marché de allí, sin mirar
atrás, como si nunca hubiese estado
en aquella fábrica de corchos.




* * *



10 comentarios:

Del Toro, dijo...

Me alegro de que se te vaya conociendo en determinados círculos. Bien, bien.

El perro mayor tal vez se preguntaba si los llevarías contigo.

Lena dijo...

Desolador e inquietante....

Me dejó desazón, desconsuelo...

Con la idea de estar perdida en un área inconmensurable...

Fantástico texto (as usual).

(Qué buena reseña...voy a tener que acercarme para pedirte un autógrafo!!!)

b_______etc, H!

Carmen dijo...

Es demoledor.

Nuna dijo...

Guau.
Muy bueno...
Yo he intentado desatar a alguno... pero es cierto, si no los llevas contigo, no sirve de nada. Y yo no puedo acoger a ninguno.
Un beso, fiera.

Markesa Merteuil dijo...

A nadie se le puede forzar a salir de la caverna. De hecho, no lo intentaste, sólo les diste la posibilidad. Pero en la fábrica de corchos está su hogar y... por qué abandonarlo si ya se han acomodado a él. Incluso el que decide aventurarse, no tarda demasiado en regresar al origen. Primero se deslumbra, después intenta acomodarse a la nueva situación, y finalmente regresa al hogar que no por lúgubre deja de ser más acorde al útero. Nos sentimos mejor arrinconados que vagando por el mundo. Ahora que lo pienso: ¿estaría Platón describiendo un pacto desde la óptica del bebé?

No me hagas caso. Creo que es demasiado temprano como para intentar hilar ideas.

Besos.

Sal Duluoz dijo...

Hay una errata en la segunda línea, ¿no querrías decir me "desvié" en lugar de "desvíe"?

Saludo,

Sal "Repelente Niño Vicente" Duluoz

Anónimo dijo...

A pesar de la tiranía del hombre el perro es fiel hasta el abandono,el olvido y la muerte.Un saludo,no te ví apoyando mi causa,tal vez en otra vida! ;) Gcc.

Hugo Izarra dijo...

Del Toro: En los círculos concéntricos, Benicio.

Lena: Es verdad, el Hiperión y el Booker están cada vez más cerca. Acabas de darme una idea estupenda, voy a empezar a poner precio a mi tinta. Quiero ser mercenario de las Letras. Si otros pueden, ¿por qué no yo?

Carmen: Como una fábrica de corchos en mitad de la nada: Paris, Texas.

Nuna: Guau, nunca mejor dicho. Gracias por el cumplido y por el beso, liberadora perruna frustrada.

Marquesa: Para ser tan temprano, hiciste una lectura perfecta de la alegoría. Te felicito.

Sal: Repelente, pero necesario. Igual que la naftalina o algunos enjuagues bucales. Gracias por el tercer ojo.

Gorocca: Espero que sepas comprender que el tiempo y yo no nos llevamos demasiado bien. Casi no llego a apoyar la mía, cuánto menos la de los demás.

Sal Duluoz dijo...

Váyase a dormir, que no son horas... ¡Gracias por lo de la naftalina! Me ha llegado...

Hugo Izarra dijo...

No podía irme sin dejar el atentado del día. Ahora ya sí.