miércoles 9 de julio de 2008

La vida solitaria de las gárgolas



Son aves raras en las ciudades de provincia
pueden contarse con los dedos en Ciudad Hostil,
pueden contarse con más dedos en Villa Somier.
Se ven tan ridículas y extrañas allá arriba,
en los tejados de los viejos edificios,
mirando siempre la misma escena
con los mismos ojos de bronce
con los mismos ojos de piedra
en posiciones incómodas
vertiginosas y acróbatas.
Como intentando justificarse,
como intentando demostrar que,
por mucho tiempo que pase, por
anacrónicas que resulten en la Era
del Cristal, del Aluminio y del Hormigón,
son parte activa, a su manera, de este gran
teatro aberrante, absurdo y contemporáneo
en que hemos convertido al mundo moderno.




* * *

10 comentarios:

Lena dijo...

Vampiros de piedra...

Siempre creo que me atacarán por la espalda.

B etc, Hugo.

Mummy dijo...

La mayor parte de las veces me siento gargola, solo que privada de esas maravillosas vistas.

Te noto extraño.

Anam dijo...

¡Coñó! Soy una gárgola. No...debe ser que tu buen hacer de escritor ha hecho que me sienta identificada jeje. Buen día.

Anam dijo...

Mummy un poco "ruarito" no es de ahora jejeje. Un besito.

Mummy dijo...

Anam: es que lo noto extraño en su "ruareza".
Prefiero no comentarlo, por que no creo que le guste y, por si no te has dado cuenta, a veces le temo.

Un besazo, preciosa.

Mónica dijo...

Pues yo creo que no me gustaría ser Gárgola, y permanecer impasible ante lo que sucede a mi alrededor. No quiero unas alas meramente estéticas. No quiero apéndices de pluma si no me sirven para volar...

Anónimo dijo...

A mí las gárgolas siempre me infundieron una mezcla de miedo-respeto-rechazo, ahora que aprendí a mirarlas desde el anteojos del arte,las encuentro bellas e incluso obscenas con esa mirada desafiante al paso del tiempo,sin duda deben de andar despavoridas cuando contemplan el mundo actual, aunque todas las épocas tienen su historia negra y podrida.Un saludo!Gcc

Sal Duluoz dijo...

A mí me entusiasman las gárgolas: me encantaría tener una en casa; desgraciadamente el arquitecto prefirió poner un caniche de granito bastante controvertido, por cierto.

Enorme final del poema, por cierto; con mucha fuerza.

Nut dijo...

Jajajajja... genial lo del caniche de granito!!! Perdón, me vuelvo a poner seria.
A mí las gárgolas me encantan. Y precisamente ese rollo anacrónico es quizá lo que más me gusta. Como si estuvieran ahí petrificadas para recordarnos ese otro mundo. Aunque pienso que en la edad media y en todas las épocas el mundo ha sido siempre aberrante y absurdo. El hombre no es capaz de superarse ni en eso.

P.S. A mí también me das miedo...

Nut dijo...

Por cierto, te has dado cuenta que el texto crea a su derecha la forma de un pecho, con su pezón y todo?? O soy yo que ya desvarío un poco más de la cuenta??

"En ocasiones, veo tetas"...