
«Esto toca a su fin», ella advirtió.
«Tus piernas siempre serán tan
blancas», pensaba él, ausente;
ensimismado en su propia voz.
Su madre le daba de comer en
la cama, empujaba el tenedor
dentro de su boca. Observó:
«Hijo mío, qué piernas tan
blancas tienes».
Sólo entonces fue consciente
de todo cuanto había perdido.
Habían pasado ya más de
seis años.
* * *



5 comentarios:
Ambiente familiar para un poema de una fría tristeza cotidiana, al principio difícil de entender -o igual es la hora a la que escribo. "Lo mismo pero al revés", buen título, breve y certero (y con breve cita pop incluida, supongo).
Así es Ducasse, no se le escapa a usted una. Fantástica lectura.
¡Tú también recuerdas esa escena de Amarcord!
Querido Hugo:
Lleva tanta velocidad tu página, que me había dejado detrás esta maravilla, ¡tanta tristeza!, Dios, qué de crueldades y enfermedades nos arrebatan la infancia de tantos niños. Qué bien, qué concreto e intenso lo describes.
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