miércoles 30 de abril de 2008

La velocidad del vacío



Basta con dejar de comer un par de días
para comprender el éxito de los
atletas africanos:

Se corre mucho más rápido
con el estómago vacío.




* * *

martes 29 de abril de 2008

Poetas de mierda



Escuché esta conversación
sentado en mi banco, en
el parque, mientras daba
de comer a las palomas.

El hombre le decía a la mujer: ¿Sabes?
Me encanta que la gente haga poesía
con las cosas que se oyen en la calle.

La mujer apuntó: Las personas
normales no hablan como Góngora.

El hombre seguía hablando sin escuchar:
Buscamos poesía en todas las cosas.
La capacidad de observar, te digo.
No hablo de escribir.
Poesía no es escribir.

Se paró a pensar. Levantó un dedo,

como si pretendiese conocer la
dirección del viento, y concluyó:
Es la mirada con que se mira.
Es la herida, la herida.
La poesía es la herida.
Escribir es sólo la cicatriz.

Y al sentirlo todo dicho,
se echó las manos a la barriga
y respiró hondo de satisfacción.

Se hizo un breve silencio entre los dos
y, al cabo de unos minutos, ella resumió:
Estamos hechos unos

poetas de mierda.




* * *


lunes 28 de abril de 2008

Métodos de seducción para víctimas de la mononucleosis



El doctor Epstein Barr,
antes eminente colegiado
y ahora miembro del grupo gamma,
recomienda alejarse en lo posible
del toxoplasma y dejarse seducir
por el influjo natural de la belleza,
que suele estar en todas partes.

A los jóvenes Pfeiffer y Filatov
les sugirió, en más de una ocasión:
¡Abandonaos con entusiasmo
al ardor impío de la primavera!

Pero ellos, inconscientes,
decidieron refugiarse en
el escozor permanente
del invierno. Incautos.

¡Regalad postales de amor

y ramos de flores y perfumes
caros y alianzas de oro y cajas
de bombones! ¡Haced de vuestra
existencia un San Valentín infinito!

Sellad vuestro amor materialmente,
siempre funciona. ¡Pero desinfectad
antes vuestros regalos, no seáis idiotas!




* * *

domingo 27 de abril de 2008

Fauna hostil



Ni siquiera los naturales de Ciudad Hostil
serían capaces de explicar qué extraña fuerza
los mantiene atados a aquel indómito lugar.

El lamento constante de las sirenas,
de las bisagras sin engrasar, la música
insólita de las gallinas cacareantes,
invitan a todo el que viene a bajar
discretamente los seguros
(manuales y automáticos)
de todas las puertas.

Las gaviotas se despedazan
unas a otras en el cielo, dejando caer
sobre el asfalto plumas, ojos y hasta
cabezas enteras en un espectáculo
de casquería aplaudido por muchos.
Por esa y por otras razones, no hay
palomas ni gorriones en esta ciudad.

Hay hombres sin sombra,
profesoras feministas, monjas
en moto, cajeros automáticos
protegidos por mil contraseñas
y detectives que saben dónde
estabas en todo momento.

Y en la frontera con Villa Somier
una aduana fatal, tan exhaustiva,
con detector de mentiras
incorporado.




* * *

sábado 26 de abril de 2008

Fauna villana



Para llegar a Villa Somier
uno debe imaginársela
primero.

Aquí conviven
muy plácidamente
lo rústico y lo sublime;
los techos altísimos y las lámparas de araña
con los impermeables azules para perros,
el refranero aldeano con los candelabros
de inspiración versallesca.

En este ecosistema dorado de artificios
donde prima el tocado y la pamela,
la puesta de largo y la pasantía,
mirar a los demás por encima del hombro
es más amaneramiento que deporte.

Es frecuente tropezarse con mujeres viejas de
largos mechones blancos, últimas herederas
de la infame Cruella DeVil;
con adolescentes infelices, rubias y glaciales
oprimidas dolorosa e innecesariamente
por el yugo del corsé;
con marqueses de segunda instalados
en la dolce vita, con su dolce far niente,
paseando sus antifaces por la Alameda.

Lo verdaderamente aberrante es disfrutar aquí
de una visión tan extemporánea como ésta:

El mismísimo Alejandro Jodorowski, descalzo,
haciéndose la pedicura con un cortaúñas plateado
en pleno centro de la ciudad.




* * *

viernes 25 de abril de 2008

La amenaza cirílica



Ajedrecistas imberbes,
preadolescentes algunos,
llegados del último confín
de la Estepa Rusa compiten en
Virtualia contra nadadoras retiradas
con las branquias ennegrecidas
por culpa del alquitrán.

Y una amenaza constante, ininteligible,
tan contundente y estéril, del ruso
a las cuatro de la tarde:

Мобильные стенды
от поставщика!

Está bien,
está bien,
les digo.

Babushka,
Babushka.




* * *

jueves 24 de abril de 2008

Herman Gray



Acostumbrado a ocultar
el origen de las enfermedades,
ponía todo su empeño en recordar

el nombre de cada cosa.
Construía sonoramas con palabras

que flotaban en el aire pesadamente,
como Gestalt o Falstaff o staff,
derivadas de estafa y de asfalto y de alfalfa.
Y algunas veces se reía al darse cuenta,
y otras veces no sentía casi nada.



* * *

miércoles 23 de abril de 2008

Comida para peces



Mientras Pantagruel,
con su cohorte de Gargantúas,
asiste en los salones de palacio
al festín interminable de la carne,
el gordo que escucha
redacta su informe.

Una voz oscura,
extraña y cercana al mismo tiempo,
le dice que debe escribir poemas,
no solucionar problemas,
pero escribe partes
de guerra.

Y el gordo que escucha
se detiene, hace un esfuerzo
y transige cuando recuerda
la razón de su condena.

Después de recoger las copas,
los platos vacíos, las cestas
llenas de migas, la realidad
se encarga por sí sola
de ponerlo en su lugar:

Frente a un escaparate,
porteando, bajo la lluvia,
una enorme caja de cartón
que al empaparse despide
un olor insoportable
a comida para peces.



* * *

martes 22 de abril de 2008

A las generaciones venideras



Evitad a los repartidores
de periódicos gratuitos;
sólo buscan ensuciaros

las manos de tinta.

Huid de las enfermeras
gordas y solitarias
que sólo palpan vuestro antebrazo
para sentir el tacto de otro cuerpo.

Compadeced a las mujeres altas y bellas
que se permiten trataros con desdén
porque alguien se lo consintió
alguna vez.

Sed indulgentes con la crueldad y la mentira,
los mentirosos y los crueles ya tienen bastante
con vivir en las cloacas.

Ignorad las prohibiciones, las homilías,
los discursos políticos, las manifestaciones,
los concursos de jóvenes talentos,

las dietas, los crecepelos.

No os creáis nada
de lo que os digan.

Y lo más importante de todo:
No os enamoréis jamás.




* * *

lunes 21 de abril de 2008

El tiempo tiene la culpa



El tiempo tiene la culpa.
El tiempo ha podido con el tiempo.
El tiempo ha arrasado la avenida de los tulipanes;
el viento y la lluvia los han barrido hacia el puerto.
El tiempo ha deshecho las copas de los castaños,
ha destrozado los nidos, las alas de los panales,
ha levantado las tapas de los contenedores,
ha impregnado la ciudad de olor a muerte,
se ha llevado a los patos para siempre.




* * *

domingo 20 de abril de 2008

Blanco nuclear



El humo
resplandeciente de
la fábrica papelera
inunda de blanco
este cielo
eterno y gris de
Villa Somier.

Blanco nuclear
despide,
me digo,
mientras compruebo
que ya no me quedan
caramelos para el
camino de vuelta.

Los recolectores
de bivalvos radiactivos
han activado las alarmas:
No recuerdan haber visto
nada semejante. Este año,
las almejas son azules.

Y tú, preocupado
por ese descosido
del asiento del conductor,
del tamaño de una sonrisa.




* * *

sábado 19 de abril de 2008

Nada que hacer, Chinaski



El funcionario de Correos
trabajaba en los aseos para hombres
porque no había sitio para él en la oficina.

Si al menos fuese en los de las mujeres,
se lamentaba el hombre, palpando
sus ingles enrojecidas.




* * *

viernes 18 de abril de 2008

Más difícil todavía



Faulkner, Beckett, Blake.
William, Samuel, William.
Tres libros hoy y dos ayer,
cada uno en su carpeta,
caminan conmigo,
bajo el brazo.

En el salón de reuniones hay
una cabeza de jabalí disecada
y mujeres con lentes ahumadas
sostienen enormes estandartes.

Veo a hombres comiendo trozos
de jabalí como auténticos cerdos
y me pregunto si no estarán cometiendo
alguna clase de canibalismo, sin saberlo.

Faulkner, Beckett, Blake.
William, Samuel, William.
Aunque escribiesen mal,
merecería la pena leerlos
con tal de pronunciar
sus nombres.




* * *

jueves 17 de abril de 2008

Efectos personales


A Roberto Fontanarrosa.

El hombre tuerto miraba
desde el balcón el océano Atlántico.
No tendría más de setenta y cinco,
bolsas y gota y todo lo demás.

Las enfermeras le preguntaban
por preguntar qué estaba
haciendo. Él respondía:
«Trabajo en el libreto
del musical Meningitis».

Sus pertenencias, decía,
cabrían en una caja de cereales:
Sus gafas de ver de cerca,
una foto cuarteada de 1946
con una dedicatoria nada sutil,
plagada de faltas, al dorso.

Y también una biblia sin tapas,
con anotaciones en tinta azul y
dibujos obscenos hechos a lápiz,
que solamente conservaba para
recordar la razón de su ateísmo.

Pero, ¿qué importará dónde quepan
todas estas malditas cosas, decía,
si nadie vendrá a recogerlas?

Quemadlas.
Quemadlas.

El último recuerdo que se llevó consigo
fue un anuncio de Morteros La Estrella,
un prefijo de León y un tango de Gardel
que siguió sonando después,
mucho después de que
su cama quedase vacía.




* * *

miércoles 16 de abril de 2008

Cuidamos de los estanques



Hablando de los habitantes de Ciudad Hostil,
se equivoca quien opina que son gentes malvadas.
Esta tarde, sin ir más lejos, un ciudadano ejemplar
utilizó
una pastilla desinfectante de sanitarios
para higienizar el estanque.

Ahora el agua es de un
precioso color azul eléctrico
y en el jardín se respira
un aire limpio y puro.

Es el toque de sutileza que distingue
a los habitantes de Ciudad Hostil
de los de Villa Somier.




* * *

martes 15 de abril de 2008

Juegos florales



Después de arrojar
todas las vinagreras,
amarillas como su pelo,
una por una desde lo alto
de la barandilla, el niño rubio
miró a su hermano mayor y le dijo:
«Estás salvado... ¡Ya no hay flores!»

Yo sólo pasaba por allí,
en aquel preciso
momento.




* * *

lunes 14 de abril de 2008

La araña



Rápido muere
una araña en la bañera:
una gota de champú es suficiente
para aniquilarla.

Dime, pequeña,
ahora que estás ahí abajo,
¿quién es la araña ahora?




* * *

domingo 13 de abril de 2008

Finnegans Wake, 44


A Ferrero, el temerario
que quiso ser valiente.

Hablabas del valor
y del riesgo, del exceso
de audacia, del coraje,
de las cosas temibles.

Pero lo mío no era
cuestión de valentía,
ni mucho menos.
Yo nunca he sido
una persona valiente.

Si alguna vez
logré sobrevivir
fue más por
casualidad
que por instinto.

Tú, en cambio,
lo conseguiste
de principio a fin:
Hiciste buenas
las palabras de
Aristóteles.

Pero este fin
no justifica
ningún medio.

Te dejaste
el libro abierto
por la página 44.

Y tantas cosas.




* * *

sábado 12 de abril de 2008

Purgatorio



El acceso a
la autopista
es el purgatorio
de gatos y palomas.

Sus cadáveres
ondean al viento,
testimonio del triunfo
de la muerte sobre
las pequeñas cosas.

Podrían poner
una señal,
por lo
menos.






* * *

viernes 11 de abril de 2008

Dios le bendiga, Mr. Vonnegut



A Emilia, que me
dio la noticia.


1

Escuchadme:
Kurt Vonnegut ha muerto.

Ha muerto, sí. Y no de cualquier forma. Se ha ido a lo grande: Rodando escaleras abajo en su apartamento de Nueva York, como sólo podría haber hecho el mejor de sus personajes. Días antes de irse del planeta, estuvo muy cerca de ser devorado por las llamas como un papiro de Alejandría, pero eso es otra historia.


2

Bien.
Es posible que esté muerto, de acuerdo. Hace doce meses que no atiende ninguna llamada. Pero sus personajes no han muerto —esto se dice cada vez que un autor se muere o se retira o le conceden el sillón de cualquier academia, y, sin embargo, esta vez es completamente cierto—: Ahí están, miradlos. Billy Pilgrim, Wanda June, Kilgore Trout, Dwayne Hoover, Rabo Karabekian y los inefables Tralfamadorianos. Todos dispuestos en fila india, como en un desfile, resistiéndose a ser engullidos por el tiempo.

3

En sus propias palabras:

«Lo más importante que he aprendido en Tralfamadore es que cuando una persona muere, sólo muere aparentemente. Continúa estando muy viva en el pasado, y por lo tanto es muy estúpido que la gente llore en su funeral. Todos los momentos, el pasado, el presente y el futuro, siempre han existido y siempre existirán. Los tralfamadorianos pueden contemplar todos los momentos diferentes de la misma forma que usted, por ejemplo, puede observar cualquier trecho de las Montañas Rocosas. Se dan cuenta de la permanencia de todos los momentos, y pueden contemplar cualquiera de ellos que les interese. Aquí en la Tierra creemos que un momento sigue a otro, como los guisantes dentro de la vaina, y que cuando un momento pasa ya ha pasado para siempre, pero no es más que una ilusión.

»Cuando un tralfamadoriano ve un cadáver, todo lo que se le ocurre pensar es que la persona muerta se encuentra en malas condiciones en aquel momento particular; pero sabe que aquella misma persona puede encontrarse estupendamente en muchos otros momentos. Ahora, después de aquella experiencia junto a ellos, cuando oigo decir que alguien ha muerto, me encojo de hombros, simplemente, y digo lo que los tralfamadorianos dicen acerca de las personas muertas, esto es: “Así son las cosas”.»

Y así sucesivamente.

4

Así son las cosas, amigos. Podemos lamentarnos como simples mortales o podemos hacer lo que en Tralfamadore y revivir al hombre del bigote cuando nos venga en gana. Podemos actuar con inteligencia y retomar su obra desde cualquier punto, sentirlo en todo su esplendor a través de la increíble historia de guerra y saltos en el tiempo de Billy Pilgrim en «Matadero Cinco», por ejemplo. O de la autobiográfica «Payasadas», donde las agudas punzadas de su humor ácido y grotesco consiguen que hasta el corazón más duro se estremezca.

Resaltar sólo un puñado de obras de Kurt Vonnegut es tan injusto como observar que Tralfamadore es sólo fruto de su imaginación y, en realidad, está tan muerto como Shakespeare o Lord Byron. Por eso no voy a hacer ninguna de las dos cosas.

No.

Citar una retahíla de títulos, fechas y argumentos, encuentro que también sería un ejercicio estúpido y completamente estéril. No es el conocimiento enciclopédico lo que ha de acercar al lector al particular humanismo de Vonnegut, sino la necesidad de reflejarse en su espejo de cómico frustrado de vodevil, de pesimista ilustrado forofo de Mark Twain y Laurel y Hardy.

Y el espejo está ahí, esperando. Riéndose.

En Tralfamadore.

5

Esto será lo más parecido a un epitafio que escriba en toda mi vida.

Por petición expresa del autor, —al que llegué a conocer gracias a un insólito infundíbulo cronosinclástico que me transportó hasta Shenectady, Albany, en el año 1962—, he fusilado su estilo marca-de-la-casa sin ningún rubor. Dice que así tendrá algo más de gracia, aunque, desde luego, no será nada original.

Fundamentalmente, porque más de cien personas lo han hecho ya durante el último año: Reinterpretaciones, despedidas, tribunas, notas necrológicas, homenajes, elegías, obituarios, comentarios de texto universitarios… Y cosas por el estilo.

Pues bien, ahí queda eso.

Pa-ta-ta.





* * *

jueves 10 de abril de 2008

Abril es un perro corriendo bajo la lluvia


Para la rescatadora
de poemas.
Las palabras
bailaban frenéticas
en el interior de
su cabeza:

«Abril es un perro
corriendo bajo la lluvia».

Tuvo esa revelación
cuando salía del trabajo.

Le vino así,
como un
disparo.

La avenida
estaba desierta,
la misma cruz de fondo.
Llovía con fuerza.
Y un cocker negro
la atravesó corriendo,
como intentando escapar
de todas las gotas
a la vez.

Y le asaltó esa idea:
Un perro corriendo
bajo la lluvia.
Un perro
llamado
Abril.

«Abril es un perro
corriendo bajo la lluvia».

Y siguió
caminando
hasta su coche
tranquilamente,
calado hasta
los huesos,
pero feliz
por haber
encontrado
otra pequeña
historia sobre
la que escribir.




* * *

miércoles 9 de abril de 2008

Sagrados ministerios de la tinta



Llaman del Ministerio
de Agricultura de Chile.

Es una mujer dulce,
posiblemente joven.
Su voz es aflautada.

Hace preguntas sobre
la enfermedad de la tinta,
como si yo supiese algo
de tintas o de enfermedades.

Se ha equivocado
de departamento,
le digo a la mujer,
pero no me escucha.

Mientras me habla
de la posibilidad de
la firma de un convenio
con la estación fitopatológica
yo pienso irremediablemente
en el viejo Paseo Ahumada
y me pregunto si ella
habrá leído también
a Enrique Lihn.

En Santiago
de Chile son
seis horas
menos.

Aquí es
de día.




* * *

martes 8 de abril de 2008

Hank y Jane


A Jane Cooney Baker,
por ejemplo.

Esta noche
hay un concurso
de borrachos en
el Coney Island.

Hank y Jane,
en sus butacas,
beben por deporte
cerveza Buckhorn,
colgados de la barra.

Contemplan
con aire perdido
la violencia con
que se proyecta,
a ritmo de Billie Holliday,
a ritmo de Tom Waits,
la colección de
botellas vacías
frente a sus
pestañas.

[Lo bueno
del amor de verdad
es que no hace falta
mirar a los ojos del otro
para decirse las cosas]

Hank no habla
y Jane tampoco
encuentra nada
interesante que
decir.

Los dos piensan,
mientras callan,
que la vida es
demasiado corta
para perder
el tiempo
bebiendo
cerveza
barata.

No les
falta
razón.

En
la calle,
el neón
palpita.




* * *

lunes 7 de abril de 2008

Tarjeta de embarque



Huyes, hembra, de la hoz
que hambrienta te reclama.
No quedan hombres, ni hombros,
que ofrecerte.

Los versos que recobres;
ése será tu equipaje.




* * *

domingo 6 de abril de 2008

Hierofante del tiempo



Hierofante del tiempo,
que adviertes lo que otros,
por comodidad, ocultan:
Abandona la retórica engolada
y dame la combinación que abre
la inmaculada caja.




* * *

sábado 5 de abril de 2008

Las cáscaras del queso



Mi padre se come
las cáscaras del queso,
pero no porque sea un
tipo duro ni tampoco
porque pasase hambre
cuando era joven.

Mi padre se come
las cáscaras del queso
porque le gusta comer
las cáscaras del queso.




* * *

viernes 4 de abril de 2008

El tocaletras



El niño distinto
extiende un bracito
como si intentase
tocar las letras
de Roberto Arlt.

Si supiese leer,
probablemente
pensase:

¡Qué anárquica
disposición de
consonantes!

Pero no sabe,
porque sólo tiene
dos años y medio
y, para él,
las letras
son poco más que
manchas de tinta,
dibujos serios,
cosas extrañas.

Por eso extiende
el bracito y las toca,
para saber de qué
están hechas.




* * *

jueves 3 de abril de 2008

Espere su turno aquí



Hay malas caras
en la sala de espera.
Y en la cola de citación
y en todas partes.

Los enfermos vamos
bailando de sala en sala.
A nuestro paso se cruzan
hombres y mujeres en camilla.
Parece que a ninguno le han
sentado bien las vacaciones.

Yo llevo un papel en las manos
que dice: Resonancia cerebral.
Y dice: Enfermo de Crohn
en tratamiento con Infliximab
desde diciembre de 2006.
Presenta síntomas de
síndrome vertiginoso.

No soporto
el olor a desinfectante
del pasillo de citación.

Busco cámaras
en el techo y en los espejos.
A veces las esconden en los ficus.

Me paro a la altura del
buzón de sugerencias.
Y, en la parte de atrás de
una factura, les dejo la mía:

¡Cambien de desinfectante!

Mirando al suelo,
acabo comprendiendo
lo que hasta ayer no era
más que una sospecha:

Mis pies rebasan
en 3 y 5 centímetros
respectivamente
el límite de la
legalidad.

Soy un
rebelde.




* * *

miércoles 2 de abril de 2008

Ha llovido algo



Hay botellas de agua
medio vacías en
el parque.

Las miro:
Parecen provisiones
de lluvia embotellada
esperando tiempos
de sequía.

Ha llovido algo
mientras estaba
dentro.

Piso
un charco.
Dos charcos.
Me mojo los pies.

En el cielo,
vuelan los
gorriones.

Llegaré tarde
al trabajo.




* * *

martes 1 de abril de 2008

Todas las cosas nos echan de menos cuando nos morimos



Así es
cuando
ocurre,
cuando
nos mudamos
para siempre
al otro barrio.

Las cosas
se ponen tristes.
Todas las cosas
nos echan de
menos.

Se puede
respirar
tristeza
alrededor
de ellas.

No hace falta
tener mucho olfato
para percibir
esto que digo.

La silla
se sienta
en el centro de
la habitación
y espera y
se pregunta:

¿Qué
va a ser
ahora de
nosotros?

Decidle
que todos:
Familiares, amigos,
perfectos desconocidos
se irán llevando,
como hormigas,
cada recuerdo,
cada mueble,
cada espátula,
cada reloj.

Tirarán
las fotos,
se quedarán
con lo que
pueda
servir.

Así es
la cosa,
tan triste,
cuando nos
morimos.




* * *