sábado 31 de mayo de 2008

La presencia de la luz



De alguna manera,
la presencia de la luz
lo justifica todo.




* * *

viernes 30 de mayo de 2008

La carga melancólica


Para Claudette D.,
reclamadora de poemas


El hombre de la editorial
tenía aspecto y modales
de león marino. Le señaló
el manuscrito y le dijo:

Has hecho de esto un lamento
perpetuo, no puede ser que todo
lo que escribas acabe en muerte
o en desgracia. ¿No te das cuenta?

«Bueno, creo que es así
como suele acabar todo,
-respondió el hombre mermado
removiendo un poco los hombros
desde el otro lado de la mesa-,
¿por qué no iba a decirlo?»

Es esta carga melancólica,
le dijo; se hace insufrible leer
tanta miseria. ¡Los lectores no
quieren recordar determinadas
cosas! ¿Es que no te das cuenta?

«Es su problema»,
contestó el hombrecillo
levantándose de la silla.

No,
dijo el otro;
Es TU problema.

Mientras recogía
sus papeles de la mesa
deseó con fuerzas regresar a casa
para escribir el poema más triste
que se hubiese escrito jamás.

Sería algo
parecido
a esto.




* * *

jueves 29 de mayo de 2008

Cartones de leche



Como si de alguna extraña forma presintiesen
que el resto de sus vidas lo pasarían ocupando
el lomo de los cartones de leche, todos los
desaparecidos, -viejos, mujeres, perros y niños-,
ponen siempre cara de víctima, mirada lastimera,
delante de los flashes; sonríen con la templanza
de los mártires, escogen escenarios lúgubres y
siniestros para retratarse o abren mucho los ojos,
como intentando pedir ayuda a las familias felices
que desayunan alrededor de los pequeños ataúdes
portátiles que preguntan, insistentemente, entre
el vaso de zumo, el café y el tigre de los cereales,
'Have you seen this boy? Have you seen this girl?'
apuntando sus medidas corporales y la ropa
que llevaron alguna vez, por rellenar un hueco.




* * *

miércoles 28 de mayo de 2008

Amor villano



El amor en Villa Somier
es frío y mecánico como
un anuncio de desodorante.
Los amantes se besan pisándose
la punta de los pies, de modo tan
artificial que podrían ser figurantes
de cualquier estúpida película romántica.

Para las niñas de Villa Somier, las calles
son sólo el escaparate donde lucir
sus vestidos de marca, sus gafas
de sol, sus novios bronceados,
su sonrisa blanca de primera
comunión. Sin saberlo, son
flores de una escombrera.




* * *

martes 27 de mayo de 2008

Amor hostil



Ignorantes del decreto
que impide a los hostiles
amarse delante de la gente,
las palomas vuelan en círculos,
retozan y fornican para perpetuar
la especie, para desafiar al destino;
son los seres más felices del planeta.

El italiano no sabe volar, pero sí sabe
pedir perdón a su novia negra, a su
novia mulata, por maltratarla e
insultarla, por haber golpeado
la puerta del cuarto de baño
mientras la acorralaba.
Es extraño el amor.




* * *

lunes 26 de mayo de 2008

Alameda



Viejos tendidos al sol como lagartos,
viejos que duermen, viejos que esperan
la hora o el gesto, en el último peldaño,
bajo la sórdida cruz de los caídos.

Viejos que se encuentran
y se saludan, amistosamente,
viejos amigos, amigos viejos,
sin levantar los brazos
pero alzando el mentón.

Viejos que escuchan tristes
conciertos de violín en radio clásica.
La depresión tiene múltiples formas,
es como la serpiente que muda de piel
pero siempre será una serpiente,
y ellos invocan a la muerte
como pueden.

La vieja de las piernas rojas,
a veces son más moradas
pero hoy sólo son rojas,
se sienta en un banco diferente
cada día, sospecho que busca
huir de la rutina. Habilidosa.

Ya no hay partidos,
ya no hay partidas.
La vida se ríe despacio
de todos nosotros,
la lentitud es dolor.

Habéis venido a morir aquí,
amigos míos, en primavera.




* * *

domingo 25 de mayo de 2008

Andenes, arcenes y badenes



Madres con hijos,
después de la revuelta,
esperan juntos el tren
de las ocho menos diez.
Los niños hacen un drama
de una bolsa de gusanitos.

A quince leguas
exactas de distancia
dos operarios tranquilos,
fluorescentes y solitarios,
cruzan sin ver la autopista
cargados de señales.

Y en la entrada a la
ciudad, en ese punto
en que se advierte
«Está entrando
en Villa Somier»
,
los kamikazes del viento
reducen su velocidad
en los controles.

En la otra punta,
los ánades descansan
entre los arbustos.




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sábado 24 de mayo de 2008

Ginsberg a hurtadillas



Bajo impenitente tortura de
martillos, brocas y cinceles,
se imprime el aullido.

Ni Gertrude Stein,
ni Georgia O'Keeffe:
me llevo a Ginsberg
a hurtadillas y
un bocadillo.




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viernes 23 de mayo de 2008

La tienda de animales



Al principio, vivíamos en las afueras,
pero después nos mudamos a la ciudad,
a una calle que estaba próxima al centro
y daba a una glorieta con una fuente de tubos
y al otro lado de la calle había un bar
y una tienda de animales:

Había jaulas en ella
y perros y gatos en su interior
y peces al fondo y puede que también
alguna salamandra, y, aunque los
iban cambiando con relativa frecuencia,
a nosotros siempre nos parecían
los mismos perros,
los mismos gatos y
los mismos peces.

Nos pasábamos horas ante el cristal
todas las noches y, una vez, un perro blanco
se despertó en mitad de su pesadilla y nos
vio allí y lloró y suplicó con todas sus fuerzas
que lo salvásemos, pero no pudimos
porque no teníamos dinero y
su etiqueta decía 463 euros.

Nosotros le miramos a los ojos,
tocamos el cristal con la nariz
y con las manos y le prometimos
que haríamos lo posible por rescatarlo,
pero no lo hicimos.

Por eso dejamos la ciudad
y volvimos a las afueras.




* * *

jueves 22 de mayo de 2008

Guerra fría



Previsiones meteorológicas
para los próximos veinte años
y medio: Se avecinan heladas.

---Meteosat derribado---

La rigidez es el síntoma.
La imagen de los pingüinos,
el verbo del sinapismo.
Sopla un aire frío.

El mismo frío que empaña
las lunas de los automóviles,
que desprende vaho blanco
de las bocas que se abren,
que corta las hemorragias,
ése que obliga a las gaviotas
a agitar sus alas incluso
cuando están dormidas.

(Algunos pájaros suenan
como bisagras sin engrasar
cuando se desperezan)

El filo de la navaja que se
desliza cruel y se hunde
solícito en la garganta
como el mes de marzo,
como el mes de marzo
que hace que las madres
revuelvan los cajones
de la ropa de invierno
buscando bufandas.

Escondamos
para siempre
todos los termómetros.
¿De acuerdo?




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miércoles 21 de mayo de 2008

Animus necandi



Comiendo en el coche
—esas empanadillas fritas de

carne que cuestan un euro—,
escondido detrás de los papeles,
igual que un detective de novela
de Dashiell Hammett o algo peor.

Jugando a las adivinanzas debajo
de esas enormes gafas de espejo
tan ridículas, como si el muelle
de Villa Somier fuese el mismísimo

paseo de Rodeo Drive. ¿Se puede
saber quién te has creído que eres?

Baja el volumen de la radio,
vuelve a ajustar el retrovisor,
y, por lo que más quieras,
deja de mirar a los viandantes
como si fuesen sospechosos
de homicidio en primer grado.




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martes 20 de mayo de 2008

Steak tartare



Turgénev eligió un mal día para dejar de escribir.
Cuando murió, médicos rusos pesaron su cerebro,
más de dos kilos, dos con veintiún gramos, dijeron.
Pero carne picada, al fin y al cabo, comida para
los gusanos, hilo de cobre, revuelto de sesos.
En su lecho de muerte sugirió a Tolstoi
que volviese a escribir: Con lo bonito
que habría sido morir en silencio.





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lunes 19 de mayo de 2008

Lámpara de lava



Era un fetichista absurdo,
recortador innato
de artefactos visuales
y otras maravillosas memeces,
que con frecuencia casi perfecta
se emborrachaba para celebrar
la mala suerte en general.

Tenía una lámpara de lava,
una lámpara de lava roja, muy roja,
que unas veces servía como faro
y otras veces concedía deseos.

Deseos importantes,
realmente importantes.
Sólo unos pocos.

La última vez que la encendió
era verano y, desde entonces,
se juró, muy solemnemente,
por su colección de recortes,
por su colección de miserias,
que no volvería a encenderla
nunca más hasta que la

necesitase de verdad.

Y no lo hizo.




* * *

domingo 18 de mayo de 2008

Otra mentira



Yo ni siquiera tendría que estar aquí,
sabes, no tendría que apretar este gatillo.
Lo que sé de la historia es muy poco y mi
memoria, por otra parte, bueno, digamos
que nunca he destacado por mi memoria.

La película que me cuentan es imposible:
Hablan de furgones blindados asesinos,
de antiguos amores que ahora viajan en
coches fúnebres, de sangre y ceniza en
el cielo del paladar... Todo es oscuro.

Esperaremos juntos en este banco.
Juntos hasta que acabe el desfile.
Podrás despedirte de todo lo que
pudo haber sido y después serás
libre de empezar otra mentira.




* * *

sábado 17 de mayo de 2008

Poema 111



Recuerdo haberle pedido que se callase.
Sus ojos de gata bajo la manta,
curioseándolo todo.
Mi ordenador portátil en el regazo,
calentándome los muslos.
La idea, el remordimiento más bien,
de haber almacenado durante días
contenido tan comprometedor
en su disco duro.

Dejándonos llevar por la escritura refleja
como los vándalos del barrio que nunca
respetaron los muros del columbario.
Sin ese afán por comprenderlo todo,
sintiendo las horas correr
entre las tripas.
Contando los minutos para volver
a la oficina, después de todo,
otro día más.




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viernes 16 de mayo de 2008

Claves para parecer poeta



Lanzar libros desde la terraza de un
décimo piso con la esperanza de verlos
volar como si fuesen palomas mensajeras
denota una bonita inclinación
por la poesía
y algo más.

Asistir a congregaciones
de poetas, a recitales y
lecturas de cualquier tipo,
sin importar el autor
ni la calidad del catering.

Matricularse en cursos de
perfeccionamiento de estilo,
coleccionar poemarios y
manuales de escritura.

Leer entrevistas
en profundidad de los autores
de moda: Los mismos que promulgan
que «escribir es un acto íntimo» aunque
todo el mundo tenga acceso a su
intimidad leyendo lo que escriben.

Haber estado ingresado,
al menos un par de veces,
en una institución mental
o llamarse Leopoldo.

O, sencillamente,
escribir algún poema
de vez en cuando.




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jueves 15 de mayo de 2008

Madre morfina



La llevaron a morir a La Merced
que es un desguace de almas solitarias
en las afueras de todo.

A todos les daba pena la mujer,
pero ninguno
iba a cuidarla por las noches.
Otra cosa habría sido
hipocresía.

No se enteró de nada,
les prometió la enfermera.
No sufrió mucho las
últimas horas.

Recogieron su
bolsa con la ropa,
rellenaron los formularios,
firmaron los consentimientos
de rigor y volvieron a sus casas
pensando qué cosas harían
con el dinero.




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miércoles 14 de mayo de 2008

Distintas escalas de gris


Los niños corren en bicicleta, los niños gritan.
Los niños gritan y corren y siempre se ríen.
Los viejos escupen grandes flemas verdes
sin importarles lo que los otros piensen.

Los minusválidos se agitan al volante,
tocando el claxon con las dos manos.
No les falta razón: Nunca hay sitio
para ellos en las plazas reservadas.

Los borrachos amenazan a las viejas
por susurrar: ¡Mirad cómo va ése!
Y las viejas gallináceas amenazan
con llamar a las fuerzas del orden.

La chica que pasea a su perra increpa
al descerebrado en el paso de cebra.
El hombre que ladra no tiene ningún
derecho a gritarles que se aparten.




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martes 13 de mayo de 2008

El hombre del espejo



El hombre del espejo sonríe
porque todavía conserva la
capacidad de sorprenderse.
La complicación en su vida
es poca: simple, doble simple,
Windsor, medio Windsor,
pequeño o cruzado y arreglar
el cuello de la camisa.




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lunes 12 de mayo de 2008

Diversículo



Sólo encuentran monedas los
que caminan mirando al suelo.




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domingo 11 de mayo de 2008

Es lo que dicen



Un día no habrá
grúas ni paneles.

Derogarán la ley
que impide a los hombres
cagar con la puerta abierta.

Se acabará el hambre;
lucharemos contra el empacho.

Se acabarán las guerras;
tanta paz removerá
nuestras conciencias.

No habrá periódicos que recortar;
tendremos que hacer collages
con hojas de té.

Se prohibirá, por fin,
lucir consignas religiosas
en los guardabarros.

(No todo iban a ser
malas noticias)

Un día saldremos
a la calle y no
habrá calle.

Un día las arañas
conquistarán el mundo.




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sábado 10 de mayo de 2008

Cerveza caliente



El suelo está frío y
la cerveza caliente.
Caliente y sin gas, como dicen
que nunca debe beberse.

John Wesley Hardin
atraviesa la habitación
volando, describiendo
circunferencias en el aire
-es un ángel volátil
en calzoncillos-.

Pasan coches ruidosos
y motos y camiones;
sus motores interpretan
las canciones de la calle.

Cantan, incluso,
-y esto es lo inaudito-
los pájaros por la noche.
Amenaza tímidamente
otra tormenta.

Suena el teléfono tres veces.
Y se cansan o se asustan y cuelgan
y lo vuelven a intentar una vez más.
Deberías borrar tu nombre de la guía.

Muchos presagios coinciden
y a Paco Rabanne le empiezan
a salir las cuentas:

El fin del mundo se acerca
y no queda más cerveza
en la nevera.




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viernes 9 de mayo de 2008

Tallulah Bergson



Tallulah Bergson,
–hasta ahora nunca había
hablado de Tallulah Bergson–,
era una mujer excepcional
con un corazón enorme,
casi tan grande como su
boca, llena de dientes de oro.

Era gracioso verla cambiar
el nombre de las tiendas de
bricolaje o de las universidades,
los gentilicios, las rebuscadas
conjunciones adversativas,
por palabras más a su medida.

Bebía cerveza negra
aunque siempre decía
aborrecerla.

Usaba de posavasos
una publicidad antigua de
Kellie Garmond -o Germond-;
una socióloga experta,
al parecer, en extraviar
billetes de avión
y reclamarlos.

Me contó la historia
del hombre de alabastro
y otras muchas cosas que,
a veces pienso, ni siquiera
ella misma llegaba a comprender.

Dejó escrito en el mantel:
Causa ternura pensar con los pies,
darle un beso en la mejilla
al hombre de alabastro.
Cuando era joven ahorraba
hasta el último penique para
comprarme un televisor en color.
Quería colgarlo de la pared
con alcayatas. Qué locura.
¡Y ahora ya no recuerdo
ni cómo he llegado aquí!

Y, justo debajo,
dibujó una sandía gigante
con ojos. Y me hizo creer
que se trataba de ella.




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jueves 8 de mayo de 2008

Arbeit macht Frei



El cielo, Alabama,
dibuja curvas en el aire,
dibuja hongos nucleares
tras las colinas.

Se resiente el andamiaje
con el ruido de las sirenas.
No sé de qué te quejas,
si tus lágrimas saben
a anticongelante.

Prométeme:
Esta vez seremos fuertes.
No nos pondremos tristes cuando veamos
pasar los camiones de la granja, repletos de
pollos, hacinados a la ida, vacíos a la vuelta,
como vagones de concentrados en
Auschwitz-Birkenau.

El trabajo nos hará libres,
recuerda. Y la radiación
nos pondrá morenos, sin
sol, aunque no queramos.

He observado, Alabama,
que comes caramelos de taurina.
Será por eso, tal vez, que pisas
la hierba sin ningún recato.

Te recomiendo que pienses
en cosas agradables: en hombres
recios, capaces de quitar multas
a sus amigos, en camareras orondas
que dan de comer a los pobres,
en las viejas canciones de
antes de la guerra.

En esa
clase de cosas,
ya sabes, hermosas.




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miércoles 7 de mayo de 2008

Clasificados



ALQUILO mundo.
Cinco continentes y baño.
Buenas vistas. Céntrico.
Posibilidad de reforma.
Piscina comunitaria.




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martes 6 de mayo de 2008

Klondike, Klondike



Klondike, Klondike,
Hunker Creek Valley,
el río Yukon cascabelea
desde Alaska hasta el
condado de Kenosha.

Los buscadores de oro
en Canadá escalaban
las escarpadas cumbres,
corazón de Klondike.

Nada hay ahora.
El termómetro marca
treinta y seis con siete.
Se les apagó la fiebre
del lingote amarillo.

Klondike, Klondike,
el ruido de las espuelas,
el peso de las alforjas,
Hunker Creek Valley,
y el tan pintoresco
cauce del Yukon.

Se acabaron las
películas de vaqueros.
Todas al mismo tiempo.
Klondike, Klondike.




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lunes 5 de mayo de 2008

La caja que llevas entre los brazos



La caja que llevas entre los brazos,
sí, ésa que te hace parar a descansar
cada cuatro metros, es más grande
que la mismísima campana del zar.

La caja que llevas entre los brazos,
ésa que todo el mundo mira con
curiosidad, tiene rótulos enormes
que denotan propensión a la rotura.

La caja que llevas entre los brazos,
ésa que debería viajar en coche y no
cargando sobre tu espalda de viejo,
es mucho más que una simple caja.

Por eso la llevas entre los brazos.




* * *

domingo 4 de mayo de 2008

Doscientos ambientadores de lavanda



Ni doscientos ambientadores de lavanda
podrían arrancar de este coche
el olor a zapato viejo.
Siempre huele así
los días de lluvia,
los días de frío,
los días grises.

Veo a los padres divorciados,
malgeniados, arrastrar a sus hijos
de los brazos, ponerles sus anoraks,
llamar al telefonillo y entregarlos a sus
madres como si fuesen rehenes liberados.

Ni doscientos ambientadores de lavanda
podrían combatir, en modo alguno,

la pestilencia del rencor
de los padres mofeta,

los vengativos,
malditos

ogros.




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sábado 3 de mayo de 2008

Las puertas del cielo son giratorias



Como en un viejo hotel, de madrugada,
sin un triste centavo en el bolsillo.
Con una granada de mano
entre los dientes.

Bob Dylan llamando
a las puertas del cielo
en Ciudad Hostil; es un
chiste que no hace gracia.

En alguna parte del mundo,
una mujer teñida, con acento ruso,
pregunta cómo se llega al estadio.

Al otro lado de la esfera,
el muy escuálido señor Zimmerman
se entretiene entrando y saliendo
del Heaven's, una y otra vez, como
la polilla que intenta atravesar
el cristal de la bombilla.

Y Debbie Harry, o mejor:
lo que queda de ella, arrugando
el maquillaje, después del concierto,
contra su almohada de plumón de ánade.

Los dos, sin saberlo,
en la misma ciudad,
en el mismo hotel,
la misma noche.

No tiene

gracia.
Lo sé.




* * *

viernes 2 de mayo de 2008

Pequeño Golden Gate



Entre Villa Somier y Ciudad Hostil
tenemos una imitación del Golden Gate
-todos llevamos un pequeño puente
de San Francisco en nuestro interior-
que a veces se come la niebla
y a veces baila con el viento.

En la entrada del puente
hay señales de restricción de
velocidad a ochenta kilómetros
por hora que respetan monjas,
multados y jubilados, y recién
licenciados de autoescuela.

Yo respeto que haya quien prefiera
viajar a ochenta por la autopista,
para admirar el paisaje o acariciar
la pierna a su pareja, simplemente:
siempre he sido bastante tolerante
con la belleza. Cualquier cosa, menos
llegar tarde a la oficina un viernes.

A veces, no obstante,
se hace inevitable parar a repostar.
En la estación de servicio,

me bajo del coche y estiro las
piernas y observo a los turistas
alemanes, ociosos, entusiasmados,
tomando fotos, grabando vídeos
del autocar de línea en que viajan.

Y me digo: Quiero ser así
cuando tenga vuestra edad.




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jueves 1 de mayo de 2008

Dresden Street

Don't let us get sick
Don't let us get old
Don't let us get stupid
all right?

Warren Zevon,
levántate y anda.

Echa un vistazo a tu alrededor
y dime si no es verdad que hay
imágenes que hacen que salir
a la calle merezca la pena.

Como la colección de colegialas
de catorce años que huelen a coco
y cantan coquetas, casi sin candor.

O la mujer que discute sola,
encendidamente, sacudiendo las
bolsas de la compra y bailando
un vals de espaldas a la gente.

Como la niña del brazo tonto,
que siempre se ruboriza cuando
un hombre la mira, ocultando
su distrofia tras la espalda.

O la pareja de ciegos con muletas
que se lanza al mundo sin ningún temor,
depositando su fe en un perro guía
tan anciano como nuestros abuelos.

Fíjate en los motoristas:
no han perdido la buena costumbre
de besarse cuando se despiden.

Warren Zevon, es hora
de empezar a aprender algo
de Tim Leary y el Dr. Gonzo.




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