lunes 30 de junio de 2008

Pequeño Monte Rushmore



También tenemos un pequeño
Monte Rushmore entre las dos
ciudades, que es motivo de
disputa entre hostiles y villanos.

A diferencia del Gran Rushmore,
nuestro Pequeño Monte Rushmore
no fue tallado por la mano de los
hombres: La erosión selectiva del
viento y del agua fue responsable
de tan exótico embeleso.

Pero no sólo su posesión es
argumento de contienda aquí,
en esta tierra de enemistades.

A la hora de encontrarle parecidos,
los hostiles sostienen que encarna la

heroica de cuatro obreros desconocidos
mientras en Villa Somier defienden
que honra a la primera formación
de los chicos de Liverpool.




* * *

domingo 29 de junio de 2008

Otra vez Reinaldo



Reinaldo,
pronunciado lento,
con las vocales abiertas
como aprendiendo a decir
Reinaldo.

Reinaldo,
que advirtió que
el obsequio de la letra
no era don, sino castigo
milenario.

Que huyó
de la represión
nefasta y hedionda
envuelto en un traje
de plumas.




* * *

sábado 28 de junio de 2008

Brazos más largos



Los ciegos imaginan los colores,
evocando más la sombra que

la privación de la luz, como algo
abstracto y tangible al mismo tiempo,
como una tabla de temperatura filosófica.

Nicholas Saunderson reconstruyó,

sin ver, el Universo, y jamás se lamentó
de su ceguera. Sin embargo, habría deseado
tener brazos más largos, tocar la Luna con

las manos, para explicarse una pequeña
parte de todo lo que nadie podía ver.




* * *

viernes 27 de junio de 2008

Músicas atávicas



Todos veían la televisión en la cocina.
Daban grandes voces, reían, llamaban
a sus hijos entre carcajadas y alaridos.
Decían: ¡Mucho cuidado con lo que hacéis!
y toda esa clase de cosas que se suele
decir a los niños cuando son pequeños.
Y, luego, volvían a sus cosas.

Bebían vino, brindaban con vasos de
cristal grueso. Se oía ruido de tenedores
mientras los jingles de los anuncios y
las voces de la televisión daban calor
y ambientaban la escena familiar:
«Si encuentra algo mejor, cómprelo».
«Si encuentra algo mejor, cómprelo».

Tú corrías a esconderte debajo de la cama
de la habitación de invitados, la última de
la casa, intentando huír del bullicio, pero
era imposible. Desearías haber sido invisible
y salir volando por la ventana, igual que una
pluma, hasta llegar al suelo, y echar a correr
como una ardilla huyendo de los campistas.

Pero era imposible.




* * *

jueves 26 de junio de 2008

Los caminos del Señor son vías de peaje



Yo, que he fingido hacerlo alguna vez,
puedo comprender alegre la admiración
que sienten algunos locos por los tranvías,
la crisis vocacional de los antiguos redentores
de Cristo, el calentamiento global, la subida
del precio de las cosas en épocas de recesión,
el feminismo ilustrado, lesbiano-radical,
responsable del auge de la camisa de cuadros.

Me cuesta más trabajo asimilar, no obstante, la
espiritualidad mercedaria del Sermón de la Montaña,
pienso que William Davies pudo hacer cosas mejores.
Pero si tuviese que elegir, de entre todas las cosas
que me hacen fruncir el ceño, escogería los motivos
que llevaron a Pollock a dedicarse al arte, cuando
pudo haber sido tan buen taxidermista, o moralista,
o haberse reído silenciosamente de los clásicos.




* * *

miércoles 25 de junio de 2008

Parece que todos los muertos son buenos



Parece que todos los muertos son buenos
y apacibles y mansos como las ovejas.
Los cantantes de rock, los jugadores
de rugby, los porteros de los clubs
de noche, los asesinos a sueldo:
todos son dignos de despertar
compasión y buen recuerdo
entre los que se quedan
aquí, esperando turno.

La muerte puede ser
lenta a veces, como la cola
de las cajas de los supermercados.
Y rápida también, como un descenso
administrativo. Llegados a este punto,
los viejos procuran ser buenos los últimos
días y sustituyen sus listines por páginas de
esquelas y rezan y van a misa y hacen todo lo
contrario de lo que hacían cuando estaban vivos.




* * *

martes 24 de junio de 2008

Catálogo de buenas acciones para hombres con prisa



Abandonad el agobio, hombres con prisa.
Deteneos y mirad las piernas de las mujeres maduras.
Prestad atención a los seres de la calle, aunque
os hablen de fiestas, exámenes o partidos.
Un resultado deportivo puede ser
a veces presagio de algo mejor.

No seáis crueles con los jóvenes practicantes
de las autoescuelas, aunque se arrastren con
lentitud entre los coches a las ocho y veinte.
Sed tolerantes, también, con los mayores,
esos que cruzan siempre por donde no deben
con la parsimonia atroz de los caracoles.

Cambiad la arena de vuestros gatos,
llevad a vuestros hijos a la playa alguna vez,
invitadlos en invierno a chocolate con churros
o al cine y fingid entusiasmo por las fiestas.

Ayudad a los perros perdidos que esperan
quietos bajo la lluvia a encontrar sus casas,
salvad a los gorriones que se caen del nido,
amamantad a las crías de rata con biberones.

Visitad a los enfermos, llevadles libros de
poemas que valgan la pena. Nada de místicos.
Ayudad a abrir las ventanas de la sala de espera
a las menopáusicas que se sofocan y se agitan.

Esforzaos, si podéis, por dedicar algún tiempo
a vuestras familias. Encontrad ese método de
conciliación laboral del que tanto se habla
estos días desde los servicios sociales.

Descuidad un poco vuestras obligaciones,
hombres con prisa. Es posible que
lleguéis tarde a todas partes,
pero seréis más felices.




* * *

lunes 23 de junio de 2008

Hijos de Baden-Powell



A Woody Allen, que
no lo leerá nunca.

Pobre Dilbar Telirian:
A veces le asaltaban horribles pesadillas
en mitad de la noche; soñaba con enjambres
de extraños y jóvenes militantes exaltados
y exultantes en torno a una bandera,
haciendo sus juramentos,
tocando juntos
la guitarra.

En condiciones normales,
Dilbar Telirian era un hombre de coraje,
pero al caer en el bloqueo sensorial de la
tercera fase del sueño, era tan susceptible de
acobardarse como cualquiera de nosotros.
En cierta ocasión, algo bebido, confesó que
el olor a malvavisco chamuscado
le hacía estremecer.

Telirian, Dilbar Telirian,
el mismísimo armenio que mató
a Jánoš Kopka, siente pavor cuando
escucha los acordes del Kum Ba Yah,
el chasquido intermitente de la
hoguera, el trotar acompasado
de los promotores uniformados
del gregarismo estúpido, del
aniquilador de personalidades,
esos malditos hijos
de Baden-Powell.




* * *

domingo 22 de junio de 2008

Segundas partes



Rescatemos al cowboy desfigurado,
hagamos algo parecido a Tarantino.

Démosle una nueva oportunidad a
la puta reformada, ahora madre y vieja,
aunque haya sentado la cabeza con dolor.

A los solícitos suicidas, almas en pena,
que exhiben como condena su estima
de mercadillo en este feliz purgatorio
que es el Planeta Mierda.

Creamos en el amor, ese animal moribundo
que se arrastra y se tambalea y, al instante,
es una mancha de sangre en la moqueta.

Leí una vez en una puerta de un cuarto de baño
que la vida puede ser metáfora de muchas cosas,
pero ninguna es buena ni dura demasiado.

Así que alcemos nuestras copas, amigos,
y brindemos. Brindemos por la infame e
infinita broma pesada del verano
de todos los años.




* * *

sábado 21 de junio de 2008

Antes de que el muelle de Brighton ardiese



Algunos años antes de que
el muelle de Brighton ardiese,
antes de que las letras de nuestras
canciones volasen por los aires y todo
oliese a ceniza y a silencio, jugamos
nuestros últimos ahorros en las
máquinas tragaperras, caímos
en el engaño dóciles e ilusos.

Tú decías siempre,
tú siempre decías:
Tarde o temprano tendrán que
caer. Mira qué cerca están ya del
borde. Ya verás, ya verás.
Ten un poco de confianza,
yo nunca me equivoco.

Creo que era 1994,
aunque también pudo ser
un año antes, a veces la
memoria se vuelve borrosa,
incomprensiblemente.

Para dormir, escuchábamos
interminables conversaciones
en la BBC. Tú preguntabas:
¿Para qué, si no entendemos
una palabra de lo que dicen?

Después te dormías
y yo te miraba respirar
y pensaba en la ciudad,
que estaba patas arriba,
como en aquel cuadro.




* * *

viernes 20 de junio de 2008

Tenerlo y dejarlo escapar



Tenerlo y
dejarlo escapar
es parafílico y canónico,
es premioso y profiláctico.

Tenerlo y
dejarlo escapar
y conformarse y pensar
que basta con saber
que habría podido
ser, si hubiese
querido.

Pero no
ha sido.

Tenerlo y
dejarlo escapar,
una vez más.
Qué más dará.




* * *

jueves 19 de junio de 2008

Resonancias magnéticas



Quítese la chaqueta y
todos los objetos metálicos
(placas, collares, hebillas,

relojes, tarjetas de crédito)
y túmbese en la camilla.

No se descalce, túmbese aquí.
Cuidado con la cabeza,

no queremos que se desnuque.
No se mueva, respire

profundamente, cierre los ojos.
Es posible que sienta calor.

Sólo serán unos minutos.
¿Le han hecho contraste

alguna vez? Sí, vale entonces.

Ahora ya sabes lo que siente

el rollo de papel continuo
en su largo viaje sacrificial

por la impresora de agujas.
Eres papel, como el papel

con que sujetan tu cabeza,
como el papel que aprisiona

tus orejas y amortigua el ruido
que recuerda a borracheras en
los baños de las discotecas,
cuando eras joven y
castigabas tu cerebro.
Ahora ya sabes cómo es, sí.

Sólo serán unos minutos.




* * *

miércoles 18 de junio de 2008

Comisarios del arte



Comisarios del arte,
jueces y árbitros del talento,
fiscalizadores del ingenio y la belleza,
que os empeñáis en instrumentalizar al artista
y buceáis solemnes en cada mancha y ponéis
nombre a cada movimiento y pensáis que el
mundo se ordena según vuestro criterio,
acordaos de Marcel Duchamp cuando
lleguéis tarde al cuarto de baño y
encontréis la puerta cerrada.




* * *

martes 17 de junio de 2008

Nostalgia de Cabo Cañaveral



Eran tan mágicos los días
en que hacíamos volar los
sprays de los desodorantes
por encima del tejado,
lanzándolos al fuego
desoyendo
los consejos de los viejos,
riéndonos siempre tan alto
con cada estallido,
tan alto.

No éramos muy originales,
los dos soñabamos con
ser astronautas;
demasiadas películas
de ciencia ficción.

Vimos el cielo cambiar de
color cientos de veces
desde el mismo muro,
mientras robábamos
cerezas del árbol,
(para nosotros,
todos los árboles
eran sólo árboles)
y perseguíamos las sombras
de los camiones que corrían
por aquel trémulo puente
que amenazaba con caerse,
eran rápidas como lagartijas
sobre el asfalto.



* * *

lunes 16 de junio de 2008

Los enfisemas falsos



Johnny Carson tenía 79.
Su taza de loza asistió al proceso
lento y disciplinado y calamitoso y cruel
—todo a la vez— desde la mesa,
bajo las lentes y los focos,
entre aplausos conocidos.

Takashi Shimura tenía 77.
Kurosawa lo advirtió con Watanabe:
«Tiene cáncer gástrico, pero todavía
no lo sabe», hacía decir en Ikiru,
sin saber que iba a cumplir su
profecía treinta años más tarde.

Norman Rockwell tenía 84.
La historia de su vida aburriría a
las arañas: le atormentaba la medianía
como al 87% de la población mundial.
Murió en Stockbridge que es un
lugar fantástico para morir.




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domingo 15 de junio de 2008

A o B



Podemos decir cosas bonitas,
o podemos decir la verdad.




* * *

sábado 14 de junio de 2008

Pedantes y pregoneros



Por culpa de los académicos,
hay iluminados que se empeñan
en distinguir la adición de la adicción,
la afición de la aflicción,
la pompa de la bomba,
el llanto de la llama,
el año del daño.

Apelan, no obstante,
alzando bien el mentón,
a la milimétrica existencia,
al ciclo de las Erofanías,
como si en algún momento
supiesen de lo que hablan.

Derrochan mares de tinta
elaborando profundas
consideraciones metafísicas
sobre el peso de las almas,
la densidad de las palabras
o la levedad del párpado.

Palabrería barata, nada más,
buscando impresionar
a los impresionables.




* * *

viernes 13 de junio de 2008

1982



A mis padres
y a Carmen
y a Rubén
Dormía encogido en posición fetal,
con el pulgar siempre dentro de la boca.
Mamá dice que también entonces
estuve a punto de morir, pero al
final todo se quedó en un susto.

Me acuerdo de Yaki, el oso amarillo.
Y de Charlie y de Misha y del pequeño
Pildo, mis cuatro amigos de trapo.
Hablaba con ellos por las noches,
y después rezaba y pedía que todos
viviésemos millones de años.

He sido hijo único desde que nací.
A veces venía Rubén, que es lo más
parecido a un hermano que tendré jamás,
y se quedaba a dormir y cuando él estaba
me sentía mucho menos solo.

Teníamos una furgoneta Dyane
de color crema y yo viajaba en la
parte de atrás y llevaba conmigo
una cantimplora llena de agua
y un poco de pan y una linterna
por si nos pasaba algo.

Yo no sabía entonces quiénes eran
Romy Schneider o Leónidas Breznev,
no conocía el significado de la muerte,
ni me importó el Nobel de Márquez
ni la guerra de las Malvinas,
ni el mundial de fútbol.

Me gustaba la gelatina de sabores
y dormir encogido en posición fetal
con el dedo pulgar sobre la lengua.




* * *

jueves 12 de junio de 2008

No escupáis delante de las chicas



No escupáis delante de las chicas,
muchachos. No seáis cerdos.
Seguid el consejo de los
adoquines de Ellsworth.
Conteneos, chicos,
conteneos.

No escupáis delante de las chicas,
muchachos. Sed educados.
Hay formas más civilizadas
de mostrar vuestra hombría.
Arreglad televisores,
por ejemplo.

No escupáis delante de las chicas,
muchachos. No seáis ordinarios.
Emplead vuestra saliva en
destinos más interesantes.
Dadles algún beso
de vez en cuando.




* * *

miércoles 11 de junio de 2008

El hermano tonto



Me llevaba de la mano a todas partes
como si fuese el hermano tonto
o el niño que siempre se pierde.

Se hace difícil recordarla,
pensar en su voz, siquiera,
sin sentir esa opresión suave
y sudorosa en la palma y
en el dorso de la mano.

Me decía: voy a contarte
otra vez
la historia del invernadero,
y volvía a repetir el relato,
parte por parte,
como la primera vez,
hasta el último detalle.

Y luego estaba
su fobia semafórica,
decía: ¿Has visto, Hugo,
qué mundo de locos éste?
Donde los árboles han
de ceder su espacio
a los semáforos,
recortar sus ramas,
abrirles paso,
para que sus luces rojas
se propaguen.

Y al día siguiente, lo mismo:
Recuérdame que te cuente
otra vez
lo del invernadero.




* * *

martes 10 de junio de 2008

La resurrección silenciosa


A Nuria Ruiz de Viñaspre,
por el entusiasmo nomista.

Escribo desde el Icurock Cafe —en el cruce de la 62 Oeste con Broadway, cerca de las ruinas incólumes del viejo Hurrah's—, donde me he citado con la médium Christina para conmemorar el discreto regreso de Klaus Nomi, con la excusa de la edición de su ópera inconclusa, «Za Bakdaz», aproximadamente un cuarto de siglo después de su muerte.

Debo confesar que, en lo concerniente a la parapsicología y el ocultismo en general, he sido siempre bastante reticente. Sin embargo, a la vista del hermetismo y la dispersión que caracteriza a los supervivientes de la época de Klaus, he creído necesario hablar con él directamente. O casi.

Así que os advierto: Es muy posible que en el transcurso de este artículo leáis auténticas atrocidades periodísticas. Si esto os ofende, estáis en vuestro perfecto derecho de pasar la página y disfrutar de los anuncios.

Empiezo, veréis:

Klaus Nomi no se llamó Klaus Nomi. Su nombre era Klaus Sperber. Nació en Immenstadt im Allgäu, Alemania, en 1944 y vivió muy rápido y murió muy joven, pero no dejó un bonito cadáver: El sarcoma de Kaposi, una de las múltiples dolencias asociadas al virus del SIDA que padecía, tuvo la culpa; su piel se pudrió a medida que la enfermedad le iba carcomiendo también por dentro. Pero creo que estoy empezando la historia por el final.

Empiezo otra vez:

Para todos los que aún no le conozcan, Klaus Nomi fue un genio. Un meteorito de carne y hueso, un aria de tres minutos, un virus para la ópera y una vacuna para la New Wave neoyorquina de los últimos setenta y primeros ochenta.

[Ha llegado la médium. Me pregunta si llevo mucho tiempo esperando, de lo que deduzco que tal vez no sea tan buena como dice el anuncio. Pido café para mí y una infusión para ella. Té rojo, aclara. Mientras pone en marcha su contador —la broma me va a salir por 260 dólares— y entra en trance para establecer contacto con Nomi, aprovecho para morder mi chocolatina y pasar algunos apuntes a limpio]

Nomi se trasladó a Nueva York a mediados de los años setenta. Allí empezó a destacar en el ambiente underground y fue entonces cuando decidió cambiar su apellido por Nomi, anagrama de Omni, su revista favorita de extraterrestres. El propio Nomi se consideraba a sí mismo un extraterrestre «que vino del espacio exterior / para salvar a humanidad». En cierto modo, y viéndolo con perspectiva, no iba muy desencaminado.

En Nueva York, Nomi se rodeó de la fauna más pintoresca del East Village, vivió entre artistas de la talla de Basquiat, Haring, McLaughlin o Kenny Sharf, pero murió solo y olvidado en una habitación de hospital, dentro de una burbuja de plástico, el 6 de agosto de 1983.

Joey Arias, bailarín, que durante años le acompañó como amigo, corista y partenaire, lo describe así en el documental «The Nomi Song», de Andrew Horn: "Cuando fui a verle, me hicieron vestir una funda de plástico. Tenía prohibido tocarle. (…) Hablé con él la noche del cinco de agosto. Me dijo, 'Joey, ¿qué voy a hacer ahora? Ya no me quieren más aquí. Me han desconectado de todas las máquinas'. Soñé que Klaus se mejoraba y volvía a cantar de nuevo, sólo que esta vez un poco deformado, de modo que tenía que ocultarse tras una pantalla o algo parecido. Le dije, 'Ahora podrás ser el Fantasma de la Ópera. Haremos números juntos'. Él me respondió: 'Sí, posiblemente'. Pero Klaus murió esa noche mientras dormía".

[Me estoy extendiendo demasiado. Christina ha empezado a inquietarse. Ya ha puesto los ojos en blanco y todo eso. Quiere decir que ya está preparada para la entrevista. Ella, con idéntica voz a la de Klaus, comienza a hablar]:

—¡No me gusta el titular de este reportaje!

—¿La resurrección silenciosa? A mí me parece ingenioso y sofisticado.

—Mmm, pretencioso. (Parece pensárselo, aprovecho para preguntar):

—¿Tanto tiempo para publicar una obra póstuma? ¿No era más rentable aprovechar el tirón del inmediato post-mortem?

—Sí, desde luego. Ya se intentó hacer algo parecido en su momento. Aunque supongo que entonces George y Page no necesitaban tanto el dinero como ahora. Al hilo de lo que resulta rentable y lo que no, jamás me expliqué por qué fui incapaz de trascender más allá de Alemania y América. Siempre me he sentido maltratado por los europeos, creo que es mi peinado lo que les ofende.

—Es posible, sí. Cuando habla de George y Page, entiendo que se refiere a George Elliott y Page Wood, los responsables de la edición de este último disco, «Za Bakdaz».

—Claro, a esos dos. Se han debido de creer que la gente es tonta. Todo el mundo sabe –es un decir– que me fui sin dejar ni una sola grabación sin editar. Han querido vender algo que jamás existió, pegando recortes de aquí y allá, reconstruyendo una ópera que sólo estaba en mi cabeza, y que, por supuesto, no tenía nada que ver con este… engendro. ¡Argh!

—Eso explica, en parte, la escasa repercusión mediática del lanzamiento.

—Eso, sí. Aunque me sorprendí mucho el pasado domingo, cuando leí la reseña hablando del disco en el Post. Llega el Post allá arriba, ¿sabes?

—No, no sabía.

—Pues sí, ahora ya lo sabes.

—Una última pregunta, a título personal… ¿Cómo es eso, quiero decir, lo de ahí arriba?

— …

Se hace el silencio. Christina, la médium, vuelve en sí. Los ojos vuelven a su sitio y, carraspeando, recupera su voz. Me dice: "Eso serán doscientos dólares más".

Le digo que podré esperar. Le doy las gracias y apago mi grabadora.

Y creo que está bien así.




* * *

lunes 9 de junio de 2008

Memoria histórica



De niños,
nos lanzábamos como bestias
contra la máquina de refrescos:
Los más fuertes, que eran
también los más incautos,
la embestían cada día a cabezazos
y siempre —siempre— perdían.

Llevábamos nuestras meriendas
en el bolsillo pequeño de la mochila;
sandwiches blancos de jamón york
envueltos en papel de aluminio
y galletas de crema que mamá
envolvía todas las mañanas
cuidadosamente.

Nos hacían caminar en fila india,
ordenados por el número de clase,
con nuestra mano derecha sobre
el hombro de nuestro compañero,
marcando el paso, guardando un
silencio impropio de aquella edad.

Nos llamaban por nuestro apellido,
nos atemorizaban, nos hablaban del
castigo del infierno, nos manoseaban
las piernas y el culo sin que nos
diésemos cuenta. Éramos demasiado
jóvenes e inocentes todavía.

Pero tenemos memoria.
Y ahora ya no pueden
hacernos nada.




* * *

domingo 8 de junio de 2008

Verano hostil



Para celebrar la llegada del verano,
los viejos de Ciudad Hostil se reúnen
a escuchar himnos militares nazis y
agitan las manos y sacuden sus cabezas.

Los más jóvenes condenan la torpeza
moral del centenario Jopie Heesters,
que se niega a morir, como Satán, y se
apoya en su piano para no caerse.

El verano, aquí,
es un concierto de
cabaret comatoso.
Canícula hitleriana.




* * *

sábado 7 de junio de 2008

Verano villano



Las extranjeras extienden
sus esterillas frente al estanque
—tú llevas tu comida en una bolsa—
para observar el espectáculo
del cisne sucio y su danza.

El calor del verano se agolpa
en cada terminación nerviosa
de los hombres de Villa Somier
que ven ahora con ojos aún
más obscenos a las mujeres.

Recuerda,
recuerda estos
amaneceres rojos.
Son casi californianos.




* * *

viernes 6 de junio de 2008

Ya vendrán tiempos mejores



Fichar todas las mañanas
a la misma hora y con el mismo gesto.
Firmar, poner el dedo, repetir el mismo saludo
a los mismos, con la misma sonrisa forzada:
Hola, qué tal. Por aquí andamos. Venga.
Hola, qué tal. Por aquí andamos. Ok.

[Somos repartidores de saludos en cadena,
nosotros, los abnegados empleados de la
administración pública de Villa Somier]

Llegar a la oficina, sentarse, introducir la clave:
una mayúscula, tres minúsculas, cuatro números.
Abrir el correo, revisar las tareas, llamar por teléfono,
tomar recados, escribir notas, esforzarse en comprender
el fascinante universo de las fotocopiadoras digitales,
escuchar los mismos comentarios de la misma voz
una y otra vez, diciendo lo mismo, lo mismo.

Ver entrar cada día a las mismas personas
y decir a todas, mecánicamente, lo mismo:
Hola, qué tal. Por aquí andamos. Venga.
Hola, qué tal. Por aquí andamos. Ok.

Ver salir a otros, sin despedirse,
y decirle, a pesar de todo, adiós.
Decimos: adiós, adiós, buenos días.
Decimos: adiós, adiós, buenas tardes.

Salir y fichar. Firmar. Ya son las nueve.
En verano es de día. En invierno, no.
Ponerse las gafas de sol, mirar a
la gente viviendo vidas alegres
a cada metro y sentir envidia.

Pensar: Ya vendrán tiempos mejores.
Llamar por teléfono a casa y decir:
Llegaré tarde, ¿qué tal estás?




* * *

jueves 5 de junio de 2008

Oh, salmos triturados



Nos llaman para advertirnos:
Los niños juegan en el parque
con información confidencial
robada de los contenedores,
pero no es culpa nuestra
ni es culpa de los niños.

Nada sale de este departamento
sin que lo hayamos triturado antes
un par de cientos de miles de veces.

Acatamos órdenes y ordenanzas,
respetamos todas las circulares,
nos adaptamos al nuevo proceso
y no protestamos cuando nos vigilan,
nos enmudecen, nos sellan los ojos
y los oídos, nos desproveen de vida,
de sexo, de imágenes familiares,
de papel viejo, de música o sobres.

Escuchamos ese zumbido constante,
letárgico, de la infinita trituradora,
que recuerda al moscón intentando
atravesar la ventana estúpidamente,
que significa: Aquí no ha pasado nada.

Decimos amén. Trituramos.
Nos lavamos las manos.




* * *

miércoles 4 de junio de 2008

La velocidad del recuerdo



Aunque
ella se marchó
precipitadamente,
—el pelo al viento como un sol
atravesado por mil espadas—,
corriendo en dirección contraria,
él la vio desaparecer muy despacio.

Observó su huída en silencio
como quien contempla
una puesta de sol.

Esperó a que se hiciese
mínima en el horizonte, tan pequeña
que no pudiese ni siquiera imaginarla,
y después regresó andando a casa
y al llegar se quitó el jersey
y encendió la televisión.




* * *

martes 3 de junio de 2008

Los mendigos duermen de espaldas a la calle



Los mendigos duermen de espaldas a la calle.
Los mendigos duermen de espaldas a la gente.
No porque sientan vergüenza de ser mendigos,

sino por miedo a confundirse con la gente.




* * *

lunes 2 de junio de 2008

Esculturas portátiles



Bordeamos la comarca
con los ojos ciegos como Borges
por el tramo largo, por la acera soleada,
muy apaciblemente, sin embargo,
a pesar de todo, ya sabes.

Caminar sin prisa
aunque las plantas duelan,
permanecer en pie por puro empeño,
sin más meta que estirar el entusiasmo,
bajo los árboles, sobre los charcos,
entre los arbustos y las personas,
junto a los perros, contigo.




* * *

domingo 1 de junio de 2008

Son seres solitarios



Son seres solitarios
los huéspedes de la pensión.

Sé que se cortan las uñas
en el cuarto de baño
porque las he visto,
amarillas y retorcidas,
sobre la alfombrilla.

Como ellos, yo también
soy un ser solitario
que
disfruta
de las pequeñas cosas,
como pasar la mano
por las toallas ásperas
verdes, blancas y rosas
de la pensión,
recuerdo de los hoteles.

Escasean los días radiantes,
pero no importa. Las noches
son maravillosas y oscuras.

Yo me conformo
con mi juego de cuchillos,
con mi corazón de tártaro,
con mi coca-cola caliente,
con cuatro horas de sueño,
con cualquier cosa.




* * *