lunes 15 de diciembre de 2008

Chelsea Hotel no. 3



Janis frunció el ceño
cuando vio mi cicatriz.

¿Qué ocurre?, pregunté;
¿Es que ya no te gustan
los hombres con heridas?

No me gustan las historias
que se repiten, dijo ella.

Y apoyó su espalda
en la ventana y miró
hacia otra parte.


* * *

lunes 1 de diciembre de 2008

Cabalgar la mañana entre bostezos



A los que esperaban.

Ocho y diez o puede que ocho y cuarto.
Y diciembre, que es rígido y cruel y perseverante,
ha vuelto a dejarse caer por la ciudad
y se entretiene haciéndose notar
—tal vez porque no es grande,
su presencia es más notoria—
en cada partícula de existencia.

La lluvia nos azota en diagonal
y aún es de noche, y el ruido acostumbrado
ha comenzado a instalarse ya por las aceras:
los pasos, las persianas, los motores de los coches,
las válvulas que rugen, las voces de los niños,
el abrir y cerrar de cremalleras, las miradas
nos inundan y nosotros no podemos
hacer más que contenernos.

Rostros proletarios, somnolientos,
cabalgan la mañana entre bostezos,
—algunos son blancos, pero los he
visto también azules y amoratados—,
encendiendo sus luces y sus cuencas
tras las lunas empañadas por el frío,
saliendo de los parkings, esperando
su turno para incorporarse al tráfico.

Algunos parecen impacientes por llegar,
otros caminan ateridos con la cabeza baja,
plegando el cuello, fumando e ignorando
invariablemente la sombra breve que,
tímida y fugaz, proyectan sin querer
sobre los escaparates.



* * *