
«ELECTRA SE QUITA EL LUTO», SONIA FIDES
Ediciones Vitrubio, 2008
Reseñar un libro de poemas suele ser, casi siempre, un ejercicio estéril, tan absurdo y contingente como autopsiar a un hombre que respira. En el caso que nos ocupa, sin embargo, se hace completamente necesario. Necesario, como lo es descubrir a Sonia Fides (Madrid, 1969), probablemente una de las voces más aventajadas de su generación. Un torrente exagerado de poesía, una voz devastadora, capaz de fabricar emociones a ritmo de vértigo, una montaña rusa aniquiladora de convencionalismos.
Su segundo poemario publicado, «Electra se quita el luto» (Ediciones Vitrubio, 2008) supone la consolidación definitiva de su marca como poeta. Es la reafirmación rotunda de lo que en algún momento pretendió ser efervescencia. Sigue latente en sus versos toda esa vida, todo ese arrebato lírico y la promesa de constante crecimiento poético, pero se aprecia también una firmeza que sólo puede producir admiración y envidia.
Si la poesía fuese una ciencia exacta, —que tal vez lo sea—, podría decirse que Sonia Fides ha encontrado la ecuación perfecta. Leyéndola, es imposible no pensar en dos grandes voces del siglo pasado, Marina Tsvietáieva y Wisława Szymborska, de quienes ha heredado el pulso del lenguaje y un estilo marcadamente —deliberadamente— cotidiano y sofisticado al mismo tiempo.
También se dejan percibir en su poesía reminiscencias de las poetas norteamericanas contemporáneas, de las que ha bebido apasionadamente, y pinceladas de la intensidad serena y refinada de autoras como Sylvia Plath o Carmen Posadas, que es un referente constante en su obra, tanto en verso como en prosa.
Después de «Mirar y ser mirada» (X Premio de Poesía ‘Nicolás del Hierro’, 2006), otro poemario indispensable, «Electra se quita el luto» representa el despegue editorial de Sonia Fides como autora asentada y solvente. El comienzo de un largo viaje, vibrante y estremecedor, hacia el centro mismo de la poesía. La manifestación de una madurez sorprendente, aunque esperada, y el inicio de una pequeña gran revuelta que dará que hablar: la revolución electrizante, un acontecimiento que no se puede ignorar, porque ignorar a Sonia Fides es faltar al respeto a la poesía.
Su segundo poemario publicado, «Electra se quita el luto» (Ediciones Vitrubio, 2008) supone la consolidación definitiva de su marca como poeta. Es la reafirmación rotunda de lo que en algún momento pretendió ser efervescencia. Sigue latente en sus versos toda esa vida, todo ese arrebato lírico y la promesa de constante crecimiento poético, pero se aprecia también una firmeza que sólo puede producir admiración y envidia.
Si la poesía fuese una ciencia exacta, —que tal vez lo sea—, podría decirse que Sonia Fides ha encontrado la ecuación perfecta. Leyéndola, es imposible no pensar en dos grandes voces del siglo pasado, Marina Tsvietáieva y Wisława Szymborska, de quienes ha heredado el pulso del lenguaje y un estilo marcadamente —deliberadamente— cotidiano y sofisticado al mismo tiempo.
También se dejan percibir en su poesía reminiscencias de las poetas norteamericanas contemporáneas, de las que ha bebido apasionadamente, y pinceladas de la intensidad serena y refinada de autoras como Sylvia Plath o Carmen Posadas, que es un referente constante en su obra, tanto en verso como en prosa.
Después de «Mirar y ser mirada» (X Premio de Poesía ‘Nicolás del Hierro’, 2006), otro poemario indispensable, «Electra se quita el luto» representa el despegue editorial de Sonia Fides como autora asentada y solvente. El comienzo de un largo viaje, vibrante y estremecedor, hacia el centro mismo de la poesía. La manifestación de una madurez sorprendente, aunque esperada, y el inicio de una pequeña gran revuelta que dará que hablar: la revolución electrizante, un acontecimiento que no se puede ignorar, porque ignorar a Sonia Fides es faltar al respeto a la poesía.
A veces la rutina escribe de manera discreta
A veces la rutina escribe de manera discreta
un punto y aparte
en este negocio casi en quiebra que es la vida.
Y aunque trate de no alinearme del lado del cinismo.
acabo ofreciéndome como un trago seco
en todas esas fiestas que nunca serán desconvocadas,
a pesar de que los listados de personas
que por distintas razones no respiran,
siguen alargándose como la sombra de un árbol
al que no persiguió nunca la mala intención de una tormenta.
Hubiese preferido ser cualquier vino espumoso del mercado,
algo suave, alguien que se sienta a esperar
como si sentarse a esperar llevase implícito
cualquier tipo de llegada
ahora que la paciencia ya no resulta
una provechosa atenuante para los débiles
Sin embargo,
desde que el Concorde se rindió a los caprichos de Isaac Newton,
la esperanza prefiere no viajar en avión
lo que convierte a esta ciudad en una fosa común
sin necesidad de que haya sido proclamada ninguna guerra.
Y es cuando llega el turno de los creyentes,
la temporada alta para cualquier tipo de plegaria
y la necesidad de que las matemáticas vuelvan a ser dóciles,
porque si lo que quieres es quitarle la razón
a los que se empeñan en que escribas dedicatorias
aprovechándote del llanto que provoca
su manera de arremangarse en los despachos
tendrás que ocultarles que la razón es una experta en transfuguismo
siempre avalada por un soberbio bufete de abogados.
A veces la rutina escribe de manera discreta
un punto y aparte
en este negocio casi en quiebra que es la vida.
Y aunque trate de no alinearme del lado del cinismo.
acabo ofreciéndome como un trago seco
en todas esas fiestas que nunca serán desconvocadas,
a pesar de que los listados de personas
que por distintas razones no respiran,
siguen alargándose como la sombra de un árbol
al que no persiguió nunca la mala intención de una tormenta.
Hubiese preferido ser cualquier vino espumoso del mercado,
algo suave, alguien que se sienta a esperar
como si sentarse a esperar llevase implícito
cualquier tipo de llegada
ahora que la paciencia ya no resulta
una provechosa atenuante para los débiles
Sin embargo,
desde que el Concorde se rindió a los caprichos de Isaac Newton,
la esperanza prefiere no viajar en avión
lo que convierte a esta ciudad en una fosa común
sin necesidad de que haya sido proclamada ninguna guerra.
Y es cuando llega el turno de los creyentes,
la temporada alta para cualquier tipo de plegaria
y la necesidad de que las matemáticas vuelvan a ser dóciles,
porque si lo que quieres es quitarle la razón
a los que se empeñan en que escribas dedicatorias
aprovechándote del llanto que provoca
su manera de arremangarse en los despachos
tendrás que ocultarles que la razón es una experta en transfuguismo
siempre avalada por un soberbio bufete de abogados.
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3 comentarios:
Publicado en el número de Marzo-Abril de Culturalia.
Mañana mismo paso por la cooperativa, a ver si la encuentro.Buena reseña, mejor recomendación.Saludos!
Me apunto la recomendación.
Un saludo.
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