Vengo contento. Mucho. Por otra de esas cosas raras que a veces me pasan. Me dice Luis Felipe que hoy han salido hacia Vigo los primeros 100 ejemplares de «Música para atravesar los túneles», de los cuales 70 ya están reservados.
Todo esto me supera bastante. Imagino que cuando haya pasado el tiempo seré capaz de asimilar la importancia de todo lo que está sucediendo. Ahora mismo no soy capaz, no tengo tiempo, ni la perspectiva suficiente, ni tampoco puedo ser objetivo con algo tan personal. Lo único que puedo decir es que me hace inmensamente feliz que estos poemas, que fueron escritos en la cima de mi misantropía, cuando no creía ni en la vida ni en las personas, sirvan ahora como catalizador para ayudar a otras personas que lo necesitan bastante más que yo entonces, me hace feliz pensar que servirán para mejorar un poco la vida a los que más jodida la tienen. Tiene gracia la de vueltas que puede dar la historia.
Si cuando escribí estos poemas —en el intervalo que va desde 2005 hasta 2008— alguien me hubiese dicho que algún día podrían acabar reunidos en un libro, me habría reído en su cara o le habría soltado alguna ordinariez de las mías. No lo sé. Se me sigue haciendo raro verlos así. Por una parte, desprenderse de todo ese dolor resulta liberador. Por otra, abruma un poco que todos esos sentimientos se puedan leer así, de golpe, como si fuese un manual de instrucciones. Puede parecer una tontería, pero yo sé lo que quiero decir.
A los 25 creía que la vida era un castigo innecesario. Ahora ya no. Eso que me llevo. Supongo que es importante aprender de cada error, de cada mala experiencia, y escarbar hasta encontrar en lo más profundo ese yo del que nos pasamos la vida huyendo. Cuando se le conoce, cuando se le trata, no es tan malo. Hablo por mi propia experiencia.
Pero, como siempre, no quiero cansar más de lo necesario. Todo esto, esta salida triunfal de los túneles, no habría sido posible sin la ayuda y el apoyo constante de unas cuantas personas. Quiero darles las gracias, desde aquí, a las que siempre han estado a mi lado y a las que sé que van a estarlo siempre, a partir de ahora. Quiero agradecer a Esther y a mis padres su paciencia con este gruñón, y, por el mismo motivo, a mis pocos pero buenos amigos. Ellos también tienen la culpa de que la vida me parezca más premio que castigo. Como Luis Felipe, el loco del pelo gris, el único desaprensivo que perdería su tiempo y energías con mis poemas. Como Montxo, que leyó el libro, lo desmenuzó apasionadamente y nos regaló un prólogo al que espero que algún poema pueda llegar a hacer justicia. Y como Miguel, el hombre Nikon, que nos dio a cambio de nada su mirada de mago. Cito sólo a los tres que más cerca estuvieron durante el proceso de edición, a los que más ilusión pusieron en este proyecto, pero en realidad sois muchos más. Y los que sois lo sabéis. Así que me dejo de sensiblerías de una puta vez.
Si queréis conseguir el libro firmado y dedicado, sólo tenéis que levantar la voz en la página de «Música para atravesar los túneles». Allí os informaremos de todos los detalles.

6 comentarios:
Felicidades, Huguillo!
Gracias, Flaca!
Un honor presenciar ambos alumbramientos. Enhorabuena por tu saber hacer.
Enhorabuena por todo ello... (aprecio un cambio de look del blog...). Un saludito
como si fuese un manual de instrucciones...
grande!! se a lo que te refieres...
Felicidades!
Me ha gustado mucho leerte tan desnudo y apreciar la madurez con la que atraviesas tus túneles que presumo iluminará la travesía de los nuestros. Un abrazo. ¡Felicidades!
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