Cajas negras



He vuelto a tener ese sueño otra vez: voy corriendo. Corro mucho, sin parar, hacia un precipicio. Corro al límite de mis fuerzas, como si alguien me persiguiese, pero no hay nadie más. Solo soy yo corriendo hacia el precipicio. Corro hasta que dejo de sentir las piernas. Al llegar al borde, freno en seco. Tomo aire, me asomo y miro hacia abajo. Está altísimo. No entiendo qué hago allí, así que doy la vuelta y regreso a casa caminando. Cuando llego, descubro que me he dejado las llaves en otra cazadora.

Tiene gracia que sueñe con esto, porque la última vez que corrí fue en una clase de gimnasia a los 16 años. No creo que existan muchas razones en la vida por las que merezca la pena correr. Aun así, últimamente no dejo de soñar que corro, aunque sea hacia el abismo y luego me arrepienta. Supongo que mi subconsciente intenta decirme algo que me resisto a aceptar.

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